Qué es la termografía y qué revela en casa

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En breve: La termografía permite estudiar la distribución de la temperatura en las superficies mediante una cámara que registra la radiación infrarroja. En una vivienda ayuda a localizar zonas que pueden indicar pérdidas de calor, discontinuidades en el aislamiento o infiltraciones de aire. Sin embargo, no muestra directamente el interior de las paredes ni mide por sí sola las pérdidas totales de energía: las imágenes deben evaluarse teniendo en cuenta la construcción del edificio y las condiciones de la inspección.

¿Cómo funciona la termografía de un edificio?

Las superficies emiten radiación infrarroja, que la cámara termográfica utiliza para estimar su temperatura. El resultado se presenta como un termograma, es decir, una imagen en la que cada intervalo de temperaturas tiene asignado un color. La cámara no ve a través de las paredes: muestra la temperatura de la superficie accesible.

En una vivienda con calefacción, las diferencias de temperatura pueden revelar un flujo de calor desigual. Si una parte de un cerramiento conduce el calor con mayor facilidad que las zonas que la rodean, su superficie interior puede estar más fría y la exterior, más caliente. Esa zona puede ser un puente térmico, es decir, un punto por el que el calor fluye con mayor intensidad debido a la construcción o a los materiales utilizados.

La lectura de la temperatura también depende de las propiedades de la superficie. Una de ellas es la emisividad, la capacidad de un material para emitir radiación térmica. El vidrio y el metal brillante pueden reflejar intensamente la radiación del entorno, por lo que sus imágenes pueden interpretarse de forma errónea con facilidad.

¿Qué puntos de pérdida de calor se pueden localizar?

La termografía resulta especialmente útil para comparar partes similares de un edificio. Permite señalar zonas que requieren una comprobación más detallada, pero no siempre determina la causa de la diferencia de temperatura.

Durante la inspección de una vivienda suelen revisarse:

Por ejemplo, una franja fría junto a una ventana cerrada puede deberse a la entrada de aire, a un aislamiento deficiente de la unión entre el marco y la pared o a la construcción de la jamba. El termograma por sí solo no basta para decidir si hay que sustituir la ventana. Primero hay que comprobar las juntas, el ajuste de los herrajes y la forma en que se ha instalado.

¿Cuándo ofrece resultados fiables la inspección?

Para buscar pérdidas de calor se necesita una diferencia de temperatura clara y sostenida entre el interior y el exterior. Por eso estas inspecciones suelen realizarse durante la temporada de calefacción, manteniendo esta estable. El profesional debe determinar la diferencia de temperatura necesaria según el método de inspección y el tipo de cerramientos; a menudo se toma como referencia unos 10°C o más.

La exposición al sol puede calentar la fachada y ocultar el patrón real del flujo de calor. El viento fuerte enfría las superficies, mientras que la lluvia y la humedad modifican su temperatura. Por ello, la inspección exterior suele programarse antes del amanecer o cuando ha transcurrido suficiente tiempo desde la exposición al sol, con tiempo seco y poco viento.

Antes de la visita no conviene cambiar bruscamente la temperatura de la calefacción ni ventilar intensamente las habitaciones. Es recomendable acordar con el profesional que se aparten los muebles y las cortinas de las paredes que se van a inspeccionar, ya que dificultan la observación y afectan a las temperaturas locales. También hay que informarle de lluvias recientes, reformas, problemas de humedad y fallos de la calefacción.

¿Cómo interpretar los colores y qué no se puede deducir de una imagen?

El rojo no indica automáticamente un defecto, ni el azul un buen aislamiento. Los colores dependen de la paleta y de la escala de temperaturas elegidas. Dos imágenes de la misma pared pueden tener un aspecto completamente distinto si se cambian los ajustes de visualización.

En invierno, una zona más caliente de la fachada puede sugerir un mayor flujo de calor desde el interior, pero también puede deberse al sol, a la reflexión de radiación o a la proximidad de una fuente de calor. Desde el interior, en cambio, puede resultar sospechosa una zona más fría que otras superficies similares. Para interpretar la imagen hay que comparar las temperaturas y tener en cuenta la geometría del edificio y las condiciones de medición.

La termografía por sí sola no permite convertir de forma fiable una mancha de color en un importe concreto de pérdidas en la factura. Tampoco confirma de manera concluyente la presencia de humedad o moho. Puede señalar un lugar que convenga comprobar con un medidor de humedad, mediante una inspección visual o con otro método.

¿Cómo contratar una inspección y aprovechar sus resultados?

Antes de contratarla, define el objetivo: averiguar por qué una habitación está fría, comprobar el aislamiento tras una reforma o evaluar las zonas que necesitan reparación. Pregunta si el servicio incluye una inspección tanto interior como exterior y qué condiciones meteorológicas serán necesarias. Si se sospechan infiltraciones de aire, puede resultar útil una prueba de estanqueidad del edificio con un ventilador que genera una diferencia de presión y facilita la detección del flujo de aire.

Pide un informe que incluya los termogramas, las fotografías convencionales correspondientes, la ubicación de los problemas, las condiciones de medición y la interpretación de los resultados. El documento debe distinguir entre la diferencia de temperatura observada y su posible causa, además de indicar qué aspectos requieren una comprobación adicional.

Al reparar, empieza por la causa confirmada, no por la mancha más llamativa de la imagen. Una jamba fría puede requerir mejoras en la instalación o en el aislamiento, y no la compra de ventanas nuevas. Una inspección de control después de las obras ayudará a evaluar si se ha resuelto el problema detectado.

Consulta también: ¿Qué es RAID?

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