Qué es Linux y cómo probarlo en tu equipo

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En pocas palabras: Linux es el núcleo de un sistema operativo, es decir, el software que actúa como intermediario entre los programas y el hardware del ordenador. Coloquialmente, este nombre también se utiliza para los sistemas completos basados en ese núcleo, como Ubuntu, Debian o Linux Mint. Se pueden usar en lugar de Windows para trabajar y realizar tareas cotidianas, pero antes de cambiar hay que comprobar la compatibilidad de las aplicaciones y los dispositivos necesarios.

Núcleo, sistema y distribución: ¿en qué se diferencian?

El sistema operativo gestiona el ordenador y permite ejecutar programas. Su parte central, el núcleo, asigna memoria y tiempo de procesador a las aplicaciones y controla los dispositivos mediante controladores. Linux es precisamente un núcleo, no un único producto listo para usar con un aspecto de escritorio fijo.

Una distribución de Linux es un conjunto completo: núcleo, herramientas del sistema, instalador, mecanismo de actualización y una selección de aplicaciones. Las versiones para ordenadores personales suelen incluir también un entorno gráfico, es decir, escritorio, menús, ventanas y ajustes. Por eso, dos ordenadores con Linux pueden tener un aspecto y un funcionamiento distintos.

Muchas distribuciones utilizan herramientas del proyecto GNU, de ahí la denominación GNU/Linux. Sin embargo, no todos los sistemas con el núcleo Linux pertenecen a este grupo. Android también utiliza este núcleo, pero cuenta con otros componentes básicos y su propio ecosistema de aplicaciones. Por tanto, una aplicación para Android no se convierte automáticamente en una aplicación para Linux de escritorio.

¿Para qué sirve Linux?

En un portátil o un ordenador de sobremesa, Linux permite navegar por internet, usar el correo electrónico, crear documentos, programar y reproducir contenido multimedia. Entre las aplicaciones disponibles están Firefox, LibreOffice y diversas herramientas para desarrolladores. Los servicios que funcionan en el navegador suelen poder utilizarse de forma similar a otros sistemas, aunque puede ser necesario comprobar la compatibilidad de ciertas funciones específicas.

Linux también se utiliza en servidores, es decir, ordenadores que ofrecen servicios a otros dispositivos. Puede gestionar sitios web, bases de datos, archivos o aplicaciones empresariales. En un servidor a menudo no hace falta un escritorio gráfico: el administrador gestiona el sistema de forma remota mediante comandos y herramientas que automatizan el trabajo.

El núcleo Linux también está presente en routers, dispositivos industriales y ordenadores pequeños, como Raspberry Pi. Sin embargo, que un dispositivo utilice Linux no significa que el usuario pueda instalar libremente cualquier programa en él.

¿Linux es gratuito y seguro?

El núcleo Linux se distribuye bajo una licencia de software libre que permite utilizar, analizar, modificar y distribuir su código bajo determinadas condiciones. El código fuente abierto permite examinar cómo funciona un programa; no significa que su uso carezca de reglas. Las licencias de los distintos componentes de una distribución pueden variar.

Muchas distribuciones populares se pueden descargar y utilizar sin pagar una licencia. Lo que puede ser de pago es el soporte técnico, los servicios de implantación o determinados productos. Por tanto, un sistema gratuito no implica necesariamente una migración sin costes, sobre todo si una empresa necesita formación y adaptaciones del software.

Linux no es inmune a todas las amenazas. La seguridad depende, entre otras cosas, de las actualizaciones, la configuración, las contraseñas y las fuentes de las que se obtienen los programas instalados. Los permisos de administrador limitan los cambios accidentales en el sistema, pero no protegen frente a todos los errores del usuario. Las copias de seguridad siguen siendo necesarias, independientemente del sistema elegido.

¿Qué dificultades pueden surgir al cambiar desde Windows?

La diferencia más importante es la disponibilidad de aplicaciones. Por lo general, un programa diseñado para Windows no se puede instalar y ejecutar directamente en Linux. Las capas de compatibilidad, como Wine, permiten utilizar parte de estas aplicaciones, pero no garantizan que todas sus funciones se ejecuten correctamente.

Con los juegos ocurre algo parecido. Proton, una herramienta utilizada por Steam, permite ejecutar muchos títulos para Windows, pero algunos sistemas antitrampas pueden impedirlo. Antes de cambiar de sistema, hay que comprobar la compatibilidad del juego concreto y sus requisitos actuales.

También pueden surgir problemas con aplicaciones especializadas, la VPN de la empresa, impresoras, lectores de huellas dactilares o funciones de la tarjeta gráfica. Lo mejor es confirmar la compatibilidad del dispositivo en la documentación del fabricante y de la distribución elegida. En los documentos ofimáticos, poder abrir un archivo no garantiza que se conserven exactamente su diseño, sus macros y todas sus funciones.

Por ejemplo, Linux puede ser suficiente para alguien que trabaja principalmente en el navegador y redacta documentos sencillos. En cambio, puede dificultar el trabajo de un diseñador gráfico que depende de una aplicación concreta disponible solo para Windows o macOS. Es más sensato empezar por una lista de los programas necesarios que por elegir el aspecto del escritorio.

¿Cómo probar Linux sin eliminar el sistema actual?

Para empezar, puedes considerar Ubuntu o Linux Mint: son opciones prácticas para quien busca un escritorio listo para usar, pero no las únicas adecuadas. Elige una versión que siga recibiendo soporte y consulta en la web oficial del proyecto cuándo termina ese soporte y cuáles son sus requisitos de hardware. Para trabajar a diario en el entorno gráfico no es necesario saber usar el terminal, la herramienta en la que se introducen comandos, aunque puede ser útil para resolver problemas.

Muchas distribuciones ofrecen un modo live, que permite iniciar el sistema desde una memoria USB sin instalarlo en el disco. Este es un procedimiento breve para probarlo:

  1. Haz una copia de los archivos importantes y descarga la imagen de instalación desde la web oficial de la distribución.
  2. Graba la imagen en una memoria USB con una herramienta para crear medios de arranque. Esta operación borra los datos de la memoria USB seleccionada.
  3. Arranca el ordenador desde ese medio y elige probar el sistema en lugar de instalarlo.
  4. Comprueba el Wi-Fi, el sonido, la cámara, el monitor adicional y la suspensión del ordenador.

El modo live no requiere modificar las particiones del disco, pero sí permite realizar operaciones sobre los archivos accesibles. También puede funcionar más despacio que un sistema instalado. Antes de decidir si lo instalas, realiza una de tus tareas habituales en este modo: te dará más información que limitarte a mirar el escritorio.

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